Las manos envejecidas a golpe de sol y tiempo siguen siendo diestras a la hora de hacer bailar los #bolillos que van convirtiendo simples hilos en mantillas, puñetas, ligueros y manteles.
Esta bella tradición española nacía nada menos que en el siglo
XVI y puede seguirse su rastro, por ejemplo, a través de cuadros como los de
Velázquez. La escena central de La Rendición de Breda es un ejemplo excelente.
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